Joven, talentosa y linda, esta figura revelación sigue los pasos de Norah Jones. Estará el sábado en Argentina y antes charló sobre su carrera, el standard que grabó en castellano y su dúo con Niño Josele.
Marcelo Fernández Bitar

A los 23 años, Esperanza Spalding es la más reciente niña mimada del jazz con posibilidades de llegar a un público masivo, ya que no sólo toca bien sino que canta con una voz personal y madura, tanto en temas propios como clásicos. Ni más ni menos que una fórmula que en su momento le sirvió a Norah Jones para ser catapultada del mundillo del jazz a la popularidad mundial, los premios Grammy y los millones de discos vendidos.
Desde chica, su madre la preparó para ser una suerte de prodigio musical, primero con clases de violín y luego de contrabajo. Se recibió de profesora en tiempo récord y enseguida se convirtió en la profesora más joven de la célebre Berklee School of Music.
Este año fue el lanzamiento de su disco Esperanza, cuya distribución internacional lo convierte en una suerte de debut, aunque ya tuvo un trabajo anterior, de alcance más limitado. Según contó antes de embarcarse a Buenos Aires: “Estoy muy orgullosa de aquel primer álbum, llamado Junjo, que era muy diferente al actual. Era más vanguardista y con menos colaboraciones de otros músicos. Ahora prioricé mostrar mi sonido y el concepto que manejo como líder de una banda”.
Esperanza logra alternar sin sobresaltos a composiciones propias con versiones muy especiales de temas como “Ponta de Arreia” de Milton Nascimento, una versión en castellano de “Body and Soul” y una sorpresiva aparición del “Samba en Preludio” de Baden Powell y Vinicius.
–¿Cómo surgió incluir la canción de Milton Nascimento?
–Siempre amé ese tema, desde la primera vez que lo escuché. Y noté que apenas le menciono el título a un músico, se pone a cantarlo. Produce un efecto en cualquiera que lo escuche, tal vez debido a esa melodía tan inocente, bella y sofisticada. Pensé que ponerlo al comienzo del álbum iba a servir para que la gente sintiera esa calidez y se abriera a nuestra música.
–¡Otra sorpresa es “Body and Soul” en otro idioma!
–Sabía que quería hacer al menos un tema en castellano. Las otras posibilidades que se nos ocurrieron no funcionaron tan bien, y al final surgió “Body and Soul”, con el desafío de ver si era posible mantener su swing. Pensé que, si funcionaba, podía mostrar que se puede cantar en otro idioma en un standard del jazz.
–En un tema aparece Niño Josele, una figura del flamenco.
–Lo conocí en Madrid por intermedio de Javier Limón. Tocamos un par de horas juntos en su casa, para preparar un ciclo en el Village Vanguard sobre su tributo a Bill Evans. Nos sentimos tan a gusto que me invitó a salir de gira con él, y de hecho estuve en su recital del año pasado en la Argentina.
–Cantante, compositora e instrumentista. ¿Qué te da más placer?
–En realidad disfruto todo lo que hago. Estoy viviendo un momento muy especial en mi vida y no tengo que elegir entre una cosa y otra. Puedo cantar, tocar el bajo y hacer mis canciones, y todo me hace muy feliz.
–Tus shows son en formato de trío o cuarteto, ¿cuál vendrá este sábado en La Trastienda?
–El cuarteto: piano, batería, guitarra y por supuesto bajo y voz. El trío me permite una mayor intimidad y se siente más la espontaneidad y la improvisación. En cambio el cuarteto me da acceso a más colores para los arreglos. Hay más opciones para las armonías y melodías, y el sonido es mucho más rico. Creo que lo más enérgico y de fuerza casi rockera se logra con cuatro instrumentos. Es como un jazz fusionado con otros estilos de música popular. Ya van a escucharlo pronto. El repertorio incluirá los temas del disco y algunos estrenos de composiciones que fueron surgiendo desde que terminamos el disco, en diciembre del año pasado.